Ayer estuve en una comida de apoyo a la candidatura a diputado de Cristián Cuevas. Fue un grato encuentro que me hizo recordar mi paso por las Juventudes Comunistas. Sentí la misma mística que yo viví en los años '80. Se está gestando algo nuevo. Cristián Cuevas encabeza una nueva generación de líderes sindicales, de mucha fuerza y talento, que creo va a impulsar una nueva etapa del sindicalismo chileno. Me tocó conocerlos de cerca en el paro de los trabajadores contratistas de Codelco el año 2007 y les guardo un gran aprecio y respeto. Por eso fui a apoyarlo. Creo que Cristián jugaría un papel muy interesante desde la Cámara de Diputados. Ojalá prospere su candidatura y gane la elección.

Y, también, me acordé de este artículo que publiqué hace poco más de un año en la revista Qué Pasa sobre mi anterior militancia en la Jota, que fue mi primera escuela política. Se me había escapado incluirlo aquí, asi es que ahí va...
La Jota, Mi Primera Escuela
Ingresé a las Juventudes Comunistas en Mayo de 1983, pocos días después de la primera protesta nacional que fue convocada para el día miércoles 11 de ese mes. Aunque casi toda mi familia era comunista y vivíamos con orgullo y entereza las consecuencias de serlo -porque mi papá estaba exiliado, mi mamá había sido exonerada de la Universidad de Chile, mi abuelo Enrique estuvo detenido en el Estadio Nacional y en Tejas Verdes y a mi alrededor sentía el profundo pero también pudoroso dolor por el hecho de que mi tío Iván era un detenido-desaparecido desde hacía ya varios años- el impulso de esas protestas y el ambiente de ebullición que se empezaba a vivir fue lo que me llevó a entrar a la Jota.
Pasaban muchas cosas y yo también debía hacer algo. Nunca me imaginé otra opción, lo natural y obvio para mi era entrar a la Jota. Ese era mi mundo. Había que luchar contra la dictadura, sin más. Solo después apareció lo demás, la organización, la ideología, el sentido de la historia, la política. Entrar a la Jota fue para mí dejar de ser chico; había cosas importantes de las que hacerse cargo.
Formamos una base de la Jota en el Liceo Manuel de Salas, donde yo estudiaba. Al principio éramos cuatro. Nuestra primera reunión fue en una casa en Pedro de Valdivia al llegar a Bilbao, en un pasaje, que tiene una puerta café oscuro que se ve desde la avenida. Cada vez que paso por ahí la veo tal cual. Estábamos todos tensos, porque obviamente era una actividad clandestina. Podía pasar por un encuentro normal de un grupo de alumnos, pero nuestra paranoia era inevitable. Ninguno de nosotros sabía muy bien lo que teníamos que hacer, así es que conversábamos distintas ideas. De repente, el perro –más bien un perrito- empezó a ladrar porque alguien andaba afuera … todos saltamos del asiento como si nos hubieran descubierto. Como no era nada de nada, nos largamos a reír de puros nervios. Después nunca más me pasó. Fue el bautizo y es como que me hubieran operado de los nervios. Pasamos a tener la cotidianeidad de la clandestinidad. Aprendimos a tomar precauciones, al tiempo después un compañero nos enseño las técnicas del “chequeo” para detectar un seguimiento y pasaron a ser automáticas las medidas de seguridad. Hecha esa costumbre, uno se toma con más calma los ladridos de un perrito.
Quizás la etapa más hermosa y estimulante fue cuando comenzamos a formar un Comité Democrático en el Liceo. Ese ya era un grupo masivo y diverso. También nos juntábamos en casas de amigos, debatíamos de política, compartíamos lecturas, le pedíamos ayuda a algunos “viejos” para que nos enseñaran, organizábamos iniciativas. Sacamos un boletín que distribuíamos en las salas, tirábamos panfletos contra la dictadura, nos organizábamos para las protestas. Un amigo, Jesús, propuso hacer un Yo Acuso al Rector del Liceo y nos pareció genial. Lo hicimos, con una lista de denuncias. Sólo mucho después descubrí el J’Acusse de Emile Zola. Era un ambiente de gente despierta, atenta al mundo, con voluntad de poder cambiarlo, apasionada por lo que hacíamos, dispuesta a la acción.
En los años ’85 y ’86 ya éramos una organización más grande. Yo era parte de una dirección regional de estudiantes secundarios. En Santiago, la Jota tenía unos 700 militantes. Nos reuníamos los sábados en la mañana, entrábamos a las casas cada 5 o 10 minutos, a partir de los ocho u ocho y media. El que estaba a cargo, como secretario político, era un compañero algo mayor que nosotros. Su “chapa” o nombre político era Pedro. Su estilo tenía el sello comunista típico, ajustado a los tiempos de clandestinidad: severo, exigente, grave y sin aspavientos en las felicitaciones, porque si algo se había hecho bien, bueno, eso era lo que correspondía, no era más que el deber. Al principio nos caía mal a todos, pero con el tiempo le tomamos mucho cariño y de alguna manera nos contagió el estilo. El sabor de la lealtad que había entre nosotros es algo que muchas veces echo de menos.
Era un tiempo exigente. Teníamos prisa, porque queríamos derrotar a la dictadura. A ratos sentíamos que no avanzábamos, que había una barrera que no superábamos. Ese sentimiento gatilló que muchos de mis amigos quisieran irse al Frente Patriótico Manuel Rodríguez, lo que en varios casos fue un problema, porque era una especie de intromisión del Frente en la Jota. Era un síntoma del quiebre que vendría después. Otras diferencias políticas, sobre cómo enfrentar la salida de la dictadura después de que no prosperó el “año decisivo”, esto es, que no cayó Pinochet por las movilizaciones del año ’86, empezaron a surgir hacia fines del ’87 y el año ’88. La crisis del socialismo real el año ’89 profundizó esas diferencias. El viejo estilo de la clandestinidad empezaba a ser inútil para contener los debates. Esas deliberaciones terminaron en un quiebre. El año ’90 hubo una renuncia masiva de dirigentes, yo salí entre ellos. Pero siempre he pensado que si estuviera de nuevo en el año ’83, volvería a entrar a la Jota.


NO A LOS RAYADOS DEL SUBDESARROLLO
Estimado DIPUTADO,
No ensucie su trabajo...
EL RAYAR EN PERIODO ELECTORAL... lo hace caer dentro de la clase politica existente.
Demuestre ser diferente!
No a las calles sucias con rayados!
de esa forma ESTÁ con el país?
Saludos
DENUNCIA MEJOR
Ojo: Aparte en tiempo de crisis sirve se puede apreciar que el dinero se bota... porque ya puede apreciar que el señor URRUTIA ya está repintando sobre el dinero derrochado... porque no utilizar ese dinero en pintar los rayados en un MONUMENTO NACIONAL como es la casona de Ochagavia...
Estimado …Valoro su comentario y ...
Estimado …
Valoro su comentario y me hago cargo de lo que plantea. En general no respondo mensajes anónimos o de alguien que no se identifica personalmente, pero el suyo está hecho con respeto y alude a un punto que estimo debe ser respondido con franqueza y directamente.
Entiendo su objeción, pero lamentablemente enfrentamos una elección en que la derecha quiere aplastarnos con la descomunal billetera de Piñera. Parte de sus éxitos electorales se construye sobre la base de que nos “tapa” con su publicidad y crea una sensación de poder que los pretende transformar como las únicas opciones viables. Créame, asegurar nuestro despliegue es clave para contrarrestar esa ofensiva.
Asimismo, los murales o “rayados” fueron y han sido una práctica tradicional en Chile. Hay una bonita historia detrás, que como Usted podrá ver en distintos lugares de mi distrito sobrevive en muchos espacios. Por cierto, hay algunos de mucha calidad y belleza y otros que deterioran los espacios públicos. Pero hay una cultura popular en torno a ellos.
En ese sentido, la preocupación que he tenido es cuidar la calidad, limpieza y estética de nuestros murales y nos hemos comprometido a borrarlos una vez terminado el proceso eleccionario.
Por último, esta herramienta comunicacional da trabajo. Lo que puede parecer un gasto innecesario para Usted, la verdad es que genera empleo.