Trágicas Muertes

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Trágicas Muertes

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Este último jueves dos jóvenes profesionales murieron en un trágico accidente. Iban camino a la región de Atacama para ayudar en las tareas de la reconstrucción, para agilizar el catastro de la gente afectada y poder iniciar sus trámites para los subsidios y apoyos.
La pregunta inevitable es por qué le sucede esto a gente que quiere cooperar y servir. Y no podemos sino pensar en lo injusto que resulta y en la impotencia que provoca.
Lo mismo ocurre con aquél bombero que cayó al agua y desapareció en medio de la emergencia. Es el mismo sentimiento que tiene más de algún carabinero cuando cae en servicio. Y también es la reacción de ese joven de Salamanca que perdió su ojo por pedir mejores soluciones para el agua.
Hay un sinsentido.

El refugio de la fe ayuda mucho y permite sanar en parte las heridas, pensando en el consuelo de que Dios sabe que en ellos había un deseo de hacer el bien. En la antigüedad griega se le atribuía a la diosa Némesis el equilibrio de la justicia, bajo la noción de que el dolor de un momento tiene compensación en otro. Más de alguno no ha dejado de pensar que parte de la sucesión de tragedias que ha vivido Chile en los últimos años, se debe a la arrogancia o a la soberbia cultivada. Los estoicos pensaban que cada sacrificio era una prueba al espíritu y que se debía enfrentar con fortaleza y templanza.
Son todas búsquedas de respuestas al por qué y al para qué del dolor.
A veces, sin embargo, no hay causa. No todo responde a algo. No depende de un castigo. Hay cosas que solo son y debemos mirarlas como son.

Sin embargo, nosotros, que seguimos la marcha, tenemos al menos dos obligaciones: recordar y honrar el desprendimiento y el valor de sus vidas y aprender de su ejemplo en nuestros actos. De algún modo, el sentido no está en lo que ocurrió, sino en lo que hacemos con su memoria.

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